¡No viaje al norte sin cadenas! La peña Almonga cubierta de nieve, vecina de la peña Redonda en la incierta frontera entre el llano y la montaña. Iglesias y montañas, una compleja y sutil combinación en un marco incomparable, rodeado de silencio y soledad. Quizá por eso me atraigan desde hace tanto tiempo las montañas. Esta vez no encontramos al gigante del valle Estrecho; habrá que volver a intentarlo, subiendo tranquilamente a la peña Redonda por los valles de su cara norte, disfrutando de sus bosques de hayas y robles, donde se esconde el lobo y el ciervo. Algunas músicas nos hacen pensar en Dios (eso dicen en el periódico del domingo pasado, sobre el milagro de la música de Bach); Castilla, la cuna de la soledad pero también la cuna de la cultura (a propósito de San Hipólito de Támara, una iglesia catedralicia en plena Tierra de Campos).Dos frases de John Berger:
“Deliciosos los vientos primaverales para los marineros que desean zarpar”;
“¡Que nunca acaben estos días, que sean largos como siglos!”
Una invitación al viaje, a partir lejos de aquí, a disfrutar con lo que tenemos… He disfrutado mucho tanto con Berger como con Fernández Mallo (y su “Proyecto Nocilla”), a pesar de tratarse de dos estilos completamente distintos.

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