jueves, 3 de diciembre de 2015

Los pájaros de Loren



Las golondrinas se posan por bandadas sobre los hilos de la luz. Están lejos y apenas las distingo aunque bien pudiera tratarse de aviones comunes. El babero anaranjado de las golondrinas es el atributo más característico de estas aves. Los vencejos, algo mayores, son más nerviosos y no paran quietos en ningún momento. Loren me pregunta por los tordos de mis escritos y yo le contesto que en realidad lo que en Vailima se conoce como tordo, son las bandadas de pájaros negros que atacan huertas, frutales y cultivos. Nubes negras que se mueven veloces y consiguen por momentos ocultar incluso la luz del sol. Por lo visto resultan muy voraces para las uvas y los cultivos de aceituna. Intento localizar su imagen en una guía de aves pero resulta complicado. En cada sitio los llaman de una manera distinta sin llegar a un acuerdo común. He leído que el término podría referirse a diferentes especies como los mirlos, los zorzales e incluso las grajillas, aunque me inclino más por las nubes de estorninos que arrasan los frutales a comienzos del verano. O pones las redes o te quedas sin fruta, dicen en el pueblo. Simón los espanta con la carabina, el señor Goyo dice que son unos hijoputas que se comen sus higos cuando están a punto. En realidad el tordo como tal no se corresponde con ninguna especie europea aunque sí que hay descrito un tordo sudamericano que vive en Argentina, el tordo patagónico o quireo (Curaeus curaeus), de la familia icteridae. Creo que Loren los asocia con los zorzales que acostumbra a ver por Galicia (Turdus philomelos) y yo en cambio me refiero a las bandadas de los ruidosos estorninos negros (Sturnus unicolor), primos hermanos de los estorninos pintos (Sturnus vulgaris). “El Tordo” también se corresponde con el nombre artístico de José Durán Mediavilla, cantaor flamenco nacido en Jerez de la Frontera en 1892 y fallecido en Madrid en 1966, dominador de los viejos estilos del cante de su tierra. Cuando el Tordo enviudó de Isabelita de Jerez, madrastra de Rosa López Caballero, se casó con esta última, conocida con el nombre artístico de Rosa Durán (1922-1999).

Los tordos desaparecen en invierno, mucho frío y poca comida para instalarse en Vailima. Viajan al sur. El otro día nos contaban en el majuelo de Mahamud que la media docena de cuervos asentados en los alrededores eran capaces de espantar al resto de aves del entorno. Ante la amenaza de que una bandada de tordos acabe de una atacada con toda la uva del majuelo, resulta mucho más rentable dejar que los seis cuervos de la finca se alimenten a placer y mantengan protegido su territorio. Imagino que con las cincuenta y cinco hectáreas de viñedo, los cuervos tienen suficiente para hartarse de uva hasta la próxima vendimia. Los cuervos son muy gregarios, fuertes e inteligentes, perfectamente capaces de colonizar el territorio y amedrentar al resto de especies competidoras. 

Hoy es miércoles, cada día amanece un poquito más tarde, dicen que este fin de semana comienzan los fríos de verdad. A mí no me gusta mucho el invierno pero no hay más remedio que adaptarse a los ciclos de la vida. En Vailima el invierno es distinto que en otros sitios, el frío intenso se instala en lo más profundo de los huesos de tal manera que es posible tomar el pulso en primera persona a las diferentes estaciones del año. Hace días que no levanta la niebla, está claro que la vida es más triste cuando no luce el sol. Quizá habría que emigrar como los abejarucos, buscando un clima más cálido que nos hiciera la vida un poco más fácil. Las cigüeñas sin embargo, permanecen estables a lo largo del año, adaptándose perfectamente al entorno. Son más sedentarias, comen en charcas y basureros de la zona y crían a sus polluelos en los grandes nidos que instalan en lo alto de torres y campanarios. Mejor abejaruco que cigüeña, una vida más incierta pero sin lugar a dudas mucho más divertida y coloreada. Al menos viajas, algo que siempre tiene un valor añadido, y tienes una mayor libertad de movimientos. Conoces gente y adquieres cultura lo que te permite una visión más amplia e integral del mundo que nos rodea. Yo creo que el Cabo de Gata sería un buen sitio para instalarse en invierno, tienes el desierto y tienes las salinas con los flamencos y otras muchas especies marineras, disfrutas de la playa y el sol, la comida es abundante y los días son largos y placenteros. Parece que todo son ventajas pero cuando sopla el poniente más de tres días seguidos uno podría acabar enfermando. El poniente es un viento entre el mistral y el lebeche que sopla de la tierra hacia el mar y que al final resulta bastante molesto e irritante. El mistral se origina un poco más al norte, en Aragón se le conoce como cierzo, mientras que el lebeche o garbí, que viene del sur, se suele acompañar de arena y polvo del desierto sahariano. Se acabaron las uvas, las setas y los membrillos. Comienza el tiempo de las castañas. Pacopús nos regala un saco de nueces. En Vailima resisten los pardales pero las tardes acortan y entre el frío y la niebla hay días en que no tiene mucho sentido salir de casa. Yo creo que este año podría ser el año del alción, el simpático y esquivo martín pescador de nuestros ríos.

1 comentario:

Felix Garcia dijo...

He disfrutado con tus relatos. Don José parece cansado de su ajetreada vida pero resurje de sus abismos en Vailima y vive.A ver si pronto visitamos su reducto en el Cerrato.