jueves, 28 de abril de 2016

El refugio Cuernos


Hoy, por fin, amanece un día soleado y la caminata resulta bastante más agradable que la jornada de ayer. Del refugio Chileno al refugio Cuernos con las refrescantes vistas del lago Nordenskjöld a lo largo de gran parte del recorrido. El nombre y el aspecto me recuerdan los parajes de los fiordos noruegos; el topónimo en realidad se corresponde con el nombre de Otto Nordenskjöld, un famoso navegante polar de origen sueco (1869-1928) que lideró la expedición Antártica Sueca (1901-1904) a bordo del Antartic, un éxito científico en su época a pesar de haber tenido que ser rescatados por la corbeta argentina Uruguay, al mando del capitán Julián Irízar. Salimos a las ocho y media de la mañana y en media hora alcanzamos el atajo al refugio Cuernos. Una hora más tarde nos incorporamos a la senda normal que viene del refugio Torres bordeando el lago. A la derecha impresionan las vistas bicolores de los paredones de los Cuernos. Poco después del mediodía alcanzamos el refugio y aprovechamos por dejar el macuto después de convencer al chico de la recepción pues aún no es la hora de hacer el check-in. Después de consultar accede a registrarnos, siempre con copia del pasaporte y de la correspondiente hojita de control de los carabineros. Continuamos hasta los miradores del valle Francés pues tenemos toda la tarde libre y al menos hoy garantizamos el buen tiempo. Bueno, eso pensábamos, pues a primera hora de la tarde la sensación térmica cambia completamente. Refresca y comienza a chispear. Del refugio Cuernos al mirador tardamos unas dos horas y media pasando por el refugio Francés, el campamento Italiano y el campamento Torres. El cielo se cubre de nubes y comienza a llover de verdad. La vuelta al refugio Cuernos se hace más corta pero aún así empleamos más de dos horas con lo que el acumulado final sobrepasa las nueve horas de caminata. Sigue lloviendo pero aquí no tenemos estufa de leña como en el refugio Chileno y el paseo hasta la ducha se hace incómodo. En el comedor el aire entra con fuerza por un par de ventanucos rotos. Bea me presta el "plumas" pues después de la ducha me he quedado frío y me cuesta un buen rato volver a entrar en calor. Al acabar me retiro a la cabaña, me acurruco bajo las mantas y enseguida me vence el sueño. Por la noche, en sueños, seguiré escuchando llover.