viernes, 8 de abril de 2016

Viajamos a las Torres del Paine



Son las seis de las mañana cuando salimos hacia el Paine con las primeras luces del alba. Rectas inmensas en campos inmensos bordeados por sus correspondientes alambradas, donde pastan tranquilos los guanacos. El guanaco está bien adaptado al terreno, no así las ovejas que son bastante más delicadas, precisan más espacio y mayores cuidados. El viaje en colectivo es cómodo y agradable. El conductor se llama Esteban y va bien tranquilo con su mate y sus canciones. Apenas hay tráfico pero las señales alertan sobre el peligro de las manadas de guanacos: “Disminuya la velocidad, encienda las balizas, no toque la bocina. Respetar las normas de tránsito marca la diferencia”. Poco rato después de una breve parada en el Paraje la Esperanza, cogemos una pista de tierra que se dirige al paso fronterizo de tal manera que abandonamos Argentina por el destacamento Escuadrón de Río Turbio (provincia de Santa Cruz) e ingresamos en territorio chileno donde los carabineros protegen con celo su frontera: “Prohibido introducir cualquier tipo de fruta y verdura”. Hoy, festividad de san Guillermo y santa Escolástica, entramos en Chile a través del paso fronterizo Río Don Guillermo, junto a la población de Cerro Castillo, tal y como atestigua el sello de mi pasaporte. Realmente parece magia aunque es cierto que mi padre siempre tuvo mucho que ver con la magia y la brujería. Tenía poderes, es evidente, de ahí que se fuera cuando quiso y como quiso. Seguro que allá donde esté, se habrá reído un rato de esta curiosa casualidad que probablemente no sea tan casual sino un oportuno guiño para que sigamos teniéndole bien presente en la fecha de su onomástica.

Perros, escáneres y policías revisan equipajes y maleteros (no así en Argentina donde jóvenes militares de reemplazo se limitan a sellar los pasaportes una vez comprueban un cierto parecido entre la fotografía y el sujeto portador). Uno de los perros descubre unas manzanas en uno de los macutos en la bodega del autobús y es premiado por su cuidadora. ¿Lo declararon? Sí, claro. OK. La policía confisca la fruta y posteriormente la destruyen, no se puede introducir en el país porque están libres de plagas que pretenden evitar. Continuamos hasta la ventanilla donde un carabinero revisa el pasaporte. ¿Primera vez en Chile?, me pregunta amablemente. Sí, primera vez. Soltero o casado. Casado. ¿Querrá decir cansado, no es cierto? Ah, sí, sí, cansado… comento un poco descolocado por las gracias y amabilidades del funcionario. Una vez sella mi pasaporte (10 de febrero, Río Don Guillermo), me facilita un impreso de entrada con un código de barras que hay que custodiar junto con el pasaporte y entregar a la salida del país. Este papel es el que nos irán pidiendo en cada refugio para justificar la legalidad de nuestra estancia y el que tenemos que guardar como oro en paño durante todo el tiempo que permanezcamos en territorio chileno.

2 comentarios:

ñOCO Le bOLO dijo...


Buena descripción del paso fronterizo. Yo tuve suerte, pasé sin registro alguno.
Ya te veo haciendo el Circuito O, o el W o el O+W. Veremos esas fotos...

Un abrazo

· LMA · & · CR ·

jgbarber dijo...

Hicimos la doble ve que decían en Chile (la be corta para diferenciarla de la be larga). Una ruta hermosísima, lástima las nubes y el mal tiempo. Es una zona donde descargan las nubes y siempre anda lloviendo. En cualquier caso lo disfrutamos. Ya iré contando. Saludos,