jueves, 8 de febrero de 2018

En febrero busca la sombra el perro


En febrero busca la sombra el perro, a finales, que no a primeros. Febrero es un mes muy variable, días fríos y lluviosos alternan con jornadas soleadas y alegres. La nieve de enero no es como la de febrero, que se escapa entre las patas del perro. Los días van creciendo, se nota cómo amanece más temprano y cómo las tardes se alargan poco a poco. El sol se acuesta cada día un poquito más tarde, oculto entre nubes de colores que tiñen el cielo con los tonos más diversos que podamos imaginar. En los días soleados de febrero se podan los olivos y florecen los almendros en el levante y en el sur. Las hojas de los almendros, siempre después de las flores, son primeras que salen y las últimas que se caen. En Villa Odoth aún hace frío, estamos en pleno invierno y habrá que esperar un poco a que el tiempo asiente. Siete capas y un sombrero dice el refrán, según mi amigo Pacopús el buen tiempo no llega aquí hasta la festividad de San Isidro Labrador. En este clima mesetario y continental los almendros no florecen hasta finales de marzo; quizá sea el momento de tratar con cobre los olivos para evitar hongos y enfermedades. El frío y la humedad no van nada bien a este arbolito amante de la luz y el calor. Aún recuerdo la helada tardía que el año pasado se llevó por delante frutales y nogales a las puertas del mes de mayo. Las heladas tardías son muy dañinas pues ya han salido los brotes y los frutos que se adivinan en las ramas se caen irremediablemente por el efecto del frío. Lo único que resiste de manera implacable son las encinas. Amanece el día con una niebla tan densa que se podría cortar con un cuchillo. A lo lejos se escucha el silbido del tren y el aullido de los perros del vecino que, con su particular instinto lobuno, me ponen los pelos de punta. Clarea por encima de las colinas del Negredo. Las encinas dominan el majuelo mirando por encima del hombro, y sin ningún tipo de pudor, a las viñas desnudas. El jardín en Vailima aparece completamente blanco tras la helada nocturna. Entre los árboles sin hojas no se mueve ni el aire. Enciendo la chimenea, huele a humo, suena el monótono tic-tac del reloj y el chisporroteo del fuego. El péndulo choca con el marco de madera complementando el armónico sonido de la maquinaria. Aún quedan algunas ascuas que ante el primer soplido se ruborizan enseguida. A primera hora de la mañana la chimenea tira muy bien y apenas hace humo; es el momento de retirar la ceniza y colocar los troncos nuevos. La casa cruje de vez en cuando, deben ser los cambios de temperatura. Preparo un café y me instalo en el sofá con un libro que me hace viajar de nuevo a tierras patagónicas con Chatwin y Theroux. Viajar en zapatillas desde el sofá, sin necesidad de salir de casa, proporciona un enorme placer difícil de igualar. Si ya lo acompañas con el amor de la lumbre y un buen café (o una cerveza fría a media tarde) la magia no para de crecer.

2 comentarios:

Gary J. Kirkpatrick dijo...

Un buen frio este año en Valencia, y en muchas partes de eeuu aun Pennsylvania a donde vamos pronto, allí aun mas frío.

jgbarber dijo...

Thank you Gary, I hope you to enjoy my blog. See you