
El vértice geodésico de la cumbre de la Maliciosa (“Reventando pa no perder costumbre”, escribe un tal Ander) con las antenas del alto de las Guarramillas al fondo. Vaya, la Bola del Mundo para entendernos. Me acerco a la floristería habitual y lleno la casa de clavelinas, lilium y unas flores amarillas que me regalan y que huelen muy bien. Una terapia... que funciona (hacía mucho tiempo que no me pasaba nada igual). Reflexiono sobre los septenios o ciclos de siete años que señalaba Sampedro; la última vez que estuvimos en el cabo encontramos el pez de San Pedro (zeus faver), amigo de las grandes profundidades. Dicen que las dos manchas oscuras y redondeadas de sus costados se asocian a la marca de los dedos del apóstol, que por orden de Dios cogió al pez para sacarle la pieza de oro con la que pagar el tributo. También recuerdo un hermoso ejemplar pintado por Anglada Camarasa.
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