
Agua, luces y sombras, piedras y un precioso helecho que intenta pasar desapercibido sin darse cuenta de que, sin pretenderlo, es el humilde e indiscutible protagonista de la escena. Un momento de calma en el recodo escondido del arroyo; no es fácil llegar, la vegetación –hiedras, zarzas y espinos– y el agua protegen el acceso pero una vez alcanzado el pequeño remanso, una sensación de tranquilidad invade el entorno. Debe ser lo del Feng-Shui. Parece fácil y sencillo…