
Seguimos con lo simple; gominolas en la Almenara, agracejos quizá o cualquier otro de los frutos que nos ofrece el otoño…
Las flores, aparte de bonitas, cambian continuamente y en un jardín, por pequeño que sea, siempre pasan cosas. Permite observar los árboles y las plantas. Un jardín hay que regarlo cada día y, mientras lo riegas, lo miras (Kazuyo Sejima, arquitecta).
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