
Una pareja acaba de perder el hijo que esperaba al poco de parirlo. No pudo ni salir del hospital. Ella (23 años, soltera, sin estudios) tiene dos hijos de una relación anterior. Él (47 años, separado) trabaja como vigilante de seguridad. Un mes después, en la piscina, ningún signo revela en su cuerpo el antecedente de los embarazos, a pesar del escaso tiempo transcurrido desde el último parto.
Parecen felices aunque desconocen si podrán disponer de los dos mil quinientos euros que proporciona el gobierno tras el nacimiento de un hijo.
Discuten
Ella quiere ponerse tetas,
Él preferiría cambiar de ordenador...